La película contra la que se revuelve la ultraderecha homófoba en Georgia

La película contra la que se revuelve la ultraderecha homófoba en Georgia

El director Levan Akin, quería contar la historia de amor y descubrimiento de dos jóvenes bailarines en “Solo nos queda bailar”. La idea nació en 2013, cuando la Iglesia ortodoxa y algunos grupos radicales convocaron a miles personas para impedir que se celebrase una manifestación del Orgullo LGTBI en Tbilisi. Tras este incidente, Levan Akin, se dio cuenta de que debía hacer algo para luchar contra la homofobia del país.

Para ello, contactó con la Compañía Nacional de Danza de Georgia en busca de colaboración y la respuesta fue: “En la danza georgiana no existe homosexualidad”.          La danza georgiana es todo un símbolo cultural en el país y un pilar fundamental en su identidad. Además, pese a la integración que ha tenido en Europa en los últimos años y las transformaciones legislativas que ha habido para proteger la comunidad LGTBI, la sociedad no avanza de la misma forma, ya que los grupos ultraortodoxos y radicales tratan de mantener impoluta su identidad en el país.

Georgia ha despenalizado la homosexualidad y la transexualidad y ha promovido leyes para proteger a estos colectivos social y laboralmente. Pero esto no esta recogido en la constitución según el informe de legislación sobre orientación sexual 2019 de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA-Europe). Además, no esta permitido el matrimonio entre personas del mismo sexo.

En cuanto al rodaje de la película, a la hora de rodar en localizaciones reales ha sido todo un desafío: por lo que se ha tenido que llevar a cabo planes de rodaje alternativos para evitar los boicots y servicios de guardaespaldas. Medidas excepcionales para un reparto novel.

Su estreno fue en Noviembre en Georgia y hubo grupos radicales que se organizaron para impedir su estreno en noviembre. “No permitiremos la propaganda de la perversión, vamos a frustrar el estreno”, llegó a amenazar el líder del movimiento nacionalista Marcha Georgiana Alexandr Bregadze.

Finalmente, la película se proyectó durante tres días en el céntrico cine Aminari, rodeado por un cordón policial y, pese a las amenazas, las entradas se agotaron. “Pese a las protestas, la gente no titubeó y fue una buena señal de que el movimiento había resistido. La gente luchó por su libertad para ver la película”, desarrolla Tabagari.

“Georgia garantiza el derecho a la libertad de expresión en el arte”, indicó entonces el presidente del Parlamento georgiano, Archil Talakvadze. Por otro lado Tabagari respondía diciendo “Hay mucho que hacer, empezando porque los poderes públicos no reconocen la homofobia como un problema y no cuentan con estrategias para luchar contra ella y afrontar los problemas a los que nos enfrentamos”.

“Esperamos que el Gobierno comience a tomarse estas señales alarmantes más en serio y dé los pasos necesarios para contener y prevenir que estas situaciones hostiles vuelvan a ocurrir y, como tal, cumpla con su deber de proteger a todos los ciudadanos de la violencia y el odio”, reclama el portavoz de ILGA.

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