La increíble historia de la diosa intersexual Cibeles y sus sacerdotes trans, ‘los Galli’

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La plaza de Cibeles de Madrid es uno de los lugares más significativos que identifica a España y que aparece en casi todos los videos promocionales turísticos de nuestro país junto con la Puerta de Alcalá o el Museo del Prado. Pero lo que la mayoría desconoce es la historia que hay detrás del monumento de la bella dama que está sentada en un carro tirado por leones. Muchos no saben que la transexualidad e intersexualidad existe desde hace siglos e incluso se veneraba. Es el caso Cibeles o Agdistis, la diosa frigia adorada en Anatolia desde el neolítico que era conocida en Roma como la ‘Gran Madre’ porque había nacido de la Tierra y del dios Zeus y tenía pene y vagina, como cuenta Pausanias, viajero, geógrafo e historiador griego del siglo II. Cibeles personifica la fertilidad de la tierra, de la naturaleza y de los animales. Era una deidad de vida, muerte y resurrección.

Según cuenta la mitología, la diosa tenía doble sexo. Este mito es tan antigua como el culto de la diosa que se remontan a 7.000 o 8.000 años, pero sólo unos escritos que han llegado hasta nuestros días le representan teniendo ambos órganos masculino y femenino.

Lo que podemos decir con certeza es que Cibeles fue venerada por una orden de sacerdotisas y sacerdotes llamados ‘Galli’ que se autocastraban y vestían con ropa femenina muy lujosa. El culto fue objeto de un fiel seguimiento hasta el final del período republicano en Roma. Los ciudadanos romanos no tenían derecho a participar en el sacerdocio y sus rituales, pero sí participaban en el festival de la diosa, (el Megalesia que se celebraba desde el 4 hasta el 10 de abril). La diosa estaba representada por una escultura en el templo y sus servicios los proporcionaban sacerdotes castrados orientales y/o eslavos, a los que denominaban galli. La autocastración a la que se sometían estos sacerdotes extranjeros en el día de la sangre homenajeaba a Atis, amado de Cibeles, que tras engañarla con la ninfa Sagaritis, fue enloquecido por la diosa celosa, se castró y se suicidó. En las celebraciones, los sacerdotes sacaban a la diosa en procesión. Se sacrificaban toros (taurobolio) y bebían su sangre. Las restricciones fueron levantadas por el emperador Claudio.

Los eruditos todavía discuten sobre si se debe llamar a las personas trans como “galli” porque en la antigüedad se identificaba de esta manera a las personas transgénero ya que no existía un término para definirl@s. Aunque es probable que muchos galli fueran esclavos eunucos, muchos desempeñaban activamente ese rol.

La política de identidad moderna dicta que las personas tienen derecho a su propia identidad pero en el mundo antiguo no era así. Muy pocos escritos quedan sobre “los galli” y ninguno de ellos hacen mención sobre la identidad de género porque se trata de un concepto moderno. Sin embargo, sí pueden ser llamados ‘transexuales’ en el sentido literal y física porque se sometían a cirugía genital y eran presentados con un género distinto del que se le asigna al nacer.

La conexión de los Galli con la diosa madre sugiere que los autores de este culto tenían una comprensión sobre la fluidez del género y la expansión de este culto a Grecia y Roma sugiere, a su vez, que estas identidades tenían un gran atractivo para las culturas clásicas.

Pero no todo fue una utopía para las personas trans e intersexuales en el mundo clásico. Los Galli en Roma fueron encerrados en un recinto especial los 365 días al año y sólo se les permitía salir para celebrar su festival. Además sufrieron despreció y se rieron de ellos autores homofóbicos. A esto hay que añadir que hay escritos que recogen que los bebés intersexuales que morían al nacer eran vistos como malos presagios por la población tanto griega como romana.

El historiador griego, Diodoro de Sicilia, narra la historia de dos mujeres que llegaron a la edad adulta con penes y que llegaron a cambiar géneros sin pensarlo dos veces. Y mientras todo esto sucedía, los pueblos antiguos todavía adoraban a una diosa de la intersexualidad que tenía a su servicio a devotos transexuales.

Es difícil encontrar más información sobre los Galli, dada la persecución a la que se enfrentaron los seguidores de Cibeles y otras deidades paganas tras el edicto teodosiano del año 391. Todos sus templos fueron destruidos, con órdenes de no ser reconstruidos jamás (a diferencia de la costumbre habitual de convertir lugares religiosos no cristianos). Como resultado, los únicos registros que se conservan de los galos vienen de historiadores y archiveros. La precisión de tales registros es con frecuencia dudosa debido a los prejuicios de género de casi todos los escritores antiguos. Jerónimo de Estridón creía que el nombre fue puesto por los romanos como señal de su desprecio por el pueblo galo. Sin embargo, en tal caso, gallus habría sido tomado prestado de Asia o Grecia, donde significaba “eunuco”.

Los autores antiguos, aún burlándose de los galli, también dejaron textos hablando sobre la flexibilidad de género como Hermaphroditus, una deidad de la región de Anatolia medio masculina, media femenina; Tiresias, un profeta que cambió de género siete veces; Ceneo, un hombre trans que fue héroe de la batalla entre los lapitas y los centauros o Iphis, una joven criada como un niño que luego cambió de género en su noche de bodas. La lista de los personajes andróginos es muy larga.

Como explica, Charlotte Northrop, profesora de estudios clásicos de la Universidad de Cambridge, “Las personas trans e intersexuales están presentes a lo largo de la historia antigua. Sea cual sea su definición “moderna”, no son un fenómeno nuevo. Sus raíces se remontan a los albores de la civilización occidental”.

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