La historia de un joven gay que huyó de la muerte en Irán y se convirtió en modelo de ropa interior en USA

La historia de un joven gay que huyó de la muerte en Irán y se convirtió en modelo de ropa interior en USA

Tras la suspensión del Programa de Admisión de Refugiados de Estados Unidos (USRAP) y la imposición de una suspensión de los visados durante 90 días a personas de siete países de mayoría musulmana (Siria, Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán y Yemen, curiosamente los más pobres), la historia de un hombre gay iraní viene a poner de relieve que el decreto del Presidente Trump del pasado viernes atenta contra los Derechos Humanos fundamentales. Un joven de 27 años que no quiere revelar su identidad porque pondría en peligro en su vida aporta su testimonio de vida para demostrar que cualquier barrera se puede superar y que se siente muy orgulloso de ser gay y musulmán.

El joven huyó de Irán, su país natal, en el año 2010 por motivos de orientación sexual. Emigró a los EE.UU. donde le acogieron con los brazos abiertos sin que nadie pensara que era un terrorista hasta lograr convertirse en un modelo de éxito, tanto que ha desfilado y posado para la conocida firma de ropa para hombres, Andrew Christian e incluso aparece en el libro editado en septiembre de 2016 por la firma de moda titulado “Sex = Power = Freedom”  que, en 200 páginas muestra a chulazos en ropa interior con un potente mensaje: Expresar su sexualidad gracias a su libertad a través del arte homoerótico.

“Si hubiera sido identificado como gay por la policía o el Gobierno iraní, me habrían asesinado”, explica el joven en una entrevista concedida al portal Gay Star News. Asegura que la vida cotidiana en su país era muy dura y no se sentía feliz porque la gente trataba sólo de sobrevivir: “Creo que es importante contar mi historia porque la mayoría de la gente no está al tanto de lo que es para la mayoría de la gente vivir en países como Irán donde la gente se le niega todo tipo de libertad, elección personal y oportunidad para avanzar en su vida. En Irán no se me permitió llevar el pelo de la manera que quería, afeitarme, usar una camiseta,  simplemente salir o tener relaciones sexuales fuera de un matrimonio heterosexual porque todo está controlado por la gobierno”.

En Irán, la homosexualidad es ilegal, está perseguida y a los que se detienen y  encuentran culpables se les somete, primero a vejaciones a través de exámenes anales y, después, pueden pasar años a la cárcel y a ser torturados y asesinados por los guardias e incluso por los propios reclusos.

En Irán el servicio militar es obligatorio para chicos con más de 18 años y cuando convocaron a este joven para se uniera a filas es cuando decidió huir del país: “Decidí marcharme porque sabía que no podría tener ningún tipo de vida que me proporcionara felicidad allí. Conseguir la libertad política era tan importante para mí que dejé a toda mi familia y arriesgué la vida escapando a pie a través de las montañas nevadas de Irán a Turquía. No tenía pasaporte, pero mi familia pagó una guía para que me llevara a mitad de camino a través de las montañas. Una vez que estuve en Turquía fui arrestado por tener un pasaporte falso y encarcelado durante seis meses. Durante este tiempo Turquía se estaba preparando para deportarme de regreso a Irán donde me hubieran ahorcado por ser un desertor militar pero pude enviar un mensaje de la prisión a mi familia y contrataron a un abogado que entró en contacto con el programa de refugiados de Naciones Unidas. Sólo fui aceptado en su programa de refugiados porque las Naciones Unidas sabían que me matarían si me enviaban a Irán”.

La experiencia en la cárcel turca fue traumática pero logró conocer a otros iraníes que también estaban intentando escapar de Irán y le hablaron sobre el programa de refugiados de las Naciones Unidas que en última instancia le salvó la vida.

Una vez que salió de la cárcel le obligaron a estar tres años en Turquía para tener la documentación en regla. Llegó a Dallas, Texas, con tan sólo 300 dólares en el bolsillo y muchas esperanzas. Le costó adaptarse porque no sabía hablar inglés y su supervisor le encontró un trabajo en una compañía de ascensores. No le pagaban mucho y para llegar de su casa al trabajo tenía que hacer hora y media en bicicleta: “La ONU hace que los refugiados paguen sus pasajes aéreos, así que pasé un año tratando de pagar eso … pero al menos fui libre y aprecié que los estadounidenses tienen un respeto básico el uno por el otro que no existe en Irán”.

Necesitaba ganar dinero extra para sobrevivir y se convirtió en chico go-go: “La primera noche que trabajé gané más dinero que trabajar cuatro meses en Irán”, recuerda. Y se presentó también al casting de la firma Andrew Christian (Trophy Boys).

Así a la marca le encantó. Lo que destaca de su trabajo es la promoción de la auto-empoderamiento y la libertad. Así que decidió que debía hacer algo más por los demás y también ha trabajado con el Centro LGBT de Los Ángeles, entre otras organizaciones benéficas.

“Siempre había querido ser modelo pero eso no es ni siquiera es una opción en Irán. A menos que uno siga las estrictas leyes religiosas, eres arrestado. Quiero ayudar a difundir la esperanza a otras personas LGBT que deben vivir en cualquier ambiente opresivo, ya sea una pequeña ciudad en los EE.UU., o con una familia que no le acepta o en un país como Irán, donde la gente no tiene permitida ni siquiera algo tan básico como las libertades”, afirma.

El joven también considera que hay que transmitir un mensaje positivo a la soiedad de que no todos los emigrantes son terroristas sólo porque lleguen de Oriente Medio: “La mayoría de la gente de Oriente Medio son como tú y yo. Quieren vivir en paz y libertad y necesitan nuestra ayuda. Estoy muy triste por la nueva política de Trump sobre la inmigración”, recalca.

La Orden Ejecutiva del Presidente Trump suspendió inmediatamente la labor del Programa de Admisión de Refugiados de los Estados Unidos (USRAP) durante cuatro meses. La orden de Trump  podría reducir el número de refugiados que puede aceptar en los EE.UU. de 100.000 a 50.000 en 2017.

Foto de portada: Sacada del libro de la firma Andrew Christian “Sex = Power = Freedom”

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