La hipocresía de Occidente: Los manipuladores “abanderados” en la defensa de los derechos LGBTI

La hipocresía de Occidente: Los manipuladores “abanderados” en la defensa de los derechos LGBTI

Matanzas como las de la discoteca gay Pulse en Orlando en la que 49 personas perdieron la vida o hechos como los de Niza, en la que un chapero sadico yihadista arrancó la vida de 84 personas contribuyen que aumente la islamofobia en el mundo. Pero si de algo debemos tener cuidado a la hora de criticar o defender cualquier causa es hacer generalizaciones sin analizar la historia. Occidente está utilizando al colectivo LGBTI para criticar países como Uganda, Nigeria, India o la misma Rusia o para potenciar el odio hacia el Islam pero ¿son ellos un ejemplo a seguir en el tema de la inclusión y la lucha contra las discriminación?.

No hay lucha más noble que la que busca que los gobiernos mundiales no aplasten o dejen morir a los marginados por su color de piel, su posición social, su género o su orientación sexual. Pero parece que Occidente quiere colgarse la bandera de ser campeón de los derechos humanos, aunque al hacerlo ¿no debería asumir su propia responsabilidad en el panorama mundial en el que nos encontramos?.

Se critica a Rusia por las leyes homofóbicas que aprobó la administración de Putin porque ha causado que grupos extremistas “cacen” a los homosexuales y se conviertan en la “cabeza de turco” de los problemas que viene arrastrando la sociedad pero son las asociaciones civiles y pro LGTB y los propios gays los únicos que están en primera línea de tiro y abandonados a su suerte ante una comunidad internacional que se cruza de brazos ante los atropellos y el pisoteo de los derechos civiles. Países como Gran Bretaña y Estados Unidos han protestado veladamente ante el Gobierno de Putin pero siguen manteniendo sus acuerdos comerciales y relaciones bilaterales sin imponer sanciones para que cambie un ápice esa política homofóbica.

Varios medios occidentales han expresaron con suspicacia ante las protestas de estas naciones. El periodista Marc Bennetts escribió en The Guardian que la ley de Putin era injusta y atentaba contra los derechos humanos, tal y como lo fue la Sección 28 de la administración de la ex primer ministro inglesa, Margaret Thatcher. Ambas sólo estaban pensadas para aumentar el apoyo de los conservadores de ambas naciones, pero, al final, sólo lograron aumentar la violencia. “¿Está Occidente libre de pecado?”, se preguntaba el periodista. Ser gay es ilegal en 40 países de la Commonwealth (organización de 53 países independientes y semi-independientes que, en su mayoría, comparten lazos históricos con el Reino Unido).

Rusia y sus políticos fomentan el odio pero que los países occidentales se crean superiores moralmente es una hipocresía y una falta de memoria. En Estados Unidos, por ejemplo, muchos de sus estados mantienen terribles leyes que perjudican a los homosexuales. Por ejemplo, las terapias para “curar a gays” o el hecho de prohibir usar los baños públicos de acuerdo a su identidad sexual a personas transexuales.

Echando la vista a la historia no podemos olvidar las secuelas de la homofobia que el colonialismo inglés ha dejado repartidas por el mundo. En la actualidad, hay 78 países del mundo donde las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo son ilegales, según la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, ILGA. De ellos, 33 están en África y muchas de las leyes de esos países en el continente africano son producto del colonialismo inglés.

En países como Nigeria, Uganda o Senegal se mantienen vigentes leyes que criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo y se penan con prisión o con la muerte, además se prohíbe el matrimonio entre homosexuales y permite encarcelar a cualquiera que apoye a las organizaciones LGBTI sea sospechoso de ser homosexual o no.

Pero Occidente deja de lado la defensa de los derechos humanos en África porque no le interesa y mira para otro lado.  Los occidentales no son los salvadores que ayudan a los ignorantes y luchan contra los malos. Estos países colonialistas fueron los que llegaron a implantar las leyes anti homosexuales en estos países. Una historia que tiene mucho que ver con la supremacía blanca que llevó las políticas homofóbicas a las legislaciones de los actuales países anti LGBTI.

El ejemplo paradigmático es Inglaterra, aunque no es el único. Este país en el que es legal el matrimonio entre personas del mismo sexo desde 2013, se dedicó a invadir a todo el mundo y colonizó algunos cuantos territorios y exportó también sus leyes, entre ellas, la Ley de la Sodomía de 1533.

Si te encontraban culpable de sodomía te quitaban todas tus propiedades y mataban. Aunque muchos países ya se han independizado de Inglaterra, parece que estas naciones no tiene mucha prisa en ayudar a derogar las leyes sobre sodomía que ellos mismos impusieron en sus colonias (recordemos que India recuperó esta ley para criminalizar a los homosexuales).

Pero la LGBTfobia no es una cuestión geográfica, estos conceptos son históricos y tienen una fecha de nacimiento. Además en África hubo prácticas homosexuales y de lesbianismo aceptadas socialmente antes de la entrada de Occidente.

Estados Unidos ha amenazado a los países con prácticas homofóbicas con suspender las ayudas económicas, pero ¿realmente Estados Unidos ha ayudado a estas naciones?.

Un claro ejemplo lo tenemos en la carrera política de Donal Trump: Está usando la matanza del Pulse para fomentar la islamofobia y captar al votante homosexual. Pretende que cualquier ciudadano convierta su domicilio en un fortín y critica a su oponente, Hillary Clinton, por no ser favorable a este proyecto.

No hay países atrasados y adelantados, hay una deuda y una responsabilidad que tenemos con ciertos sectores de las sociedades. No es que un país sea bueno o malo, ni que una creencia religiosa sea mejor que otra. Las colonias replican las prácticas de las metrópolis y ambas crean una dinámica de poder que excluye a ciertos sectores de la población.

Está claro que las luchas no son todas iguales pero, definitivamente, están conectadas. La discriminación existe en Estados Unidos y existe en Somalia, por poner un ejemplo.

Ya no se trata de ver quién hace el bien y quién hace el mal sino preguntarnos: ¿Cómo reproducimos estas prácticas de exclusión?, ¿qué significa excluir al otro?, ¿qué estrategias pueden tomar los países desarrollados para modificar estas prácticas tanto a nivel jurídico como a nivel social y hasta económico?.

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