Futbolista gay liberiano salvado de la deportación a su país donde se encarcelan y asesinan a los homosexuales

Futbolista gay liberiano salvado de la deportación a su país donde se encarcelan y asesinan a los homosexuales

In extremis. El fubolista homosexual de origen liberiano, Andrew Nagbe, recibió la noticia horas antes de ser deportado a su país de origen que le hubiera conducido a una muerte segura gracias a que la Junta de Inmigración de Suecia detuvo su expulsión. La semana pasada saltó a los medios de comunicación la noticia de que Andrew Nagbe fue detenido en el Orgullo de Estocolmo, donde el joven de 22 años asegura que estaba junto a su chico. Fue conducido a un centro de detenciones donde permanecía recluido desde entonces con la intención de ser deportado de regreso a Liberia. Nagbe publicó fotos en su cuenta de Instagram para celebrar el Día de la Independencia de Liberia.

Nagbe, que es abiertamente homosexual, dijo que estaba en peligro en caso de que se viera forzado a regresar a su país porque todo el mundo sabía que era homosexual y la policía le hubiera “dado caza” pero, este martes, horas antes del embarque del futbolista en el vuelo, la Junta de Inmigración anunció que volver a abrir el caso, deteniendo la deportación de Nagbe. El cambio de opinión es debido a que recibieron nuevos documentos que podrían probar su necesidad de poseer un permiso de residencia. Pero no cabe duda que la atención de los medios internacionales ha contribuido, también, según el diario sueco Dagens Nyheter.

“Quiero jugar al fútbol y vivir como un hombre abiertamente gay en Suecia. En la cárcel me pegarán y violarán todos los días hasta que sea liberado y abandone el país de nuevo. Todos mis conocidos en Liberia saben que ahora soy gay”, declaraba el jugador de 22 años.

“Su caso ha recibido atención internacional, incluidos los de la BBC, y su sexualidad es ahora aún más conocido en Liberia”, dijo Stig-Åke Petersson, quien trabaja en defensa de los refugiados en Suecia para la organización LGBTI RFSL, que también representa Nagbe, dijo.

“El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha sido informado del caso de Nagbe y se le ha pedido un dictamen que beneficie a Andrew”, explicaba Petersson.

Cuando Nagbe recibió la noticia, Petersson explicó que el deportista “por supuesto está muy feliz” pero no dio más detalles porque aseguró que el jugador necesita reposo.

Petersson no quiso aventurar ningún resultado probable, “puede ser sí y no pero es una cuestión que se resolverá en semanas para que Nagbe sepa si va a recibir un permiso de residencia sueca. Después de todo lo que ha sucedido, no se atreven a adelantar nada pero dado que se canceló el viaje, las posibilidades aumentan”.

Por ahora, Nagbe permanece en el centro de detención, pero su asesor legal en la materia, Ali Kassim, está tratando de asegurarse de que pueda llevar una vida normal hasta que la Junta de Inmigración Sueca llegue a una nueva decisión.

Algunos liberianos han llevado a Twitter y otras redes sociales que los temores de Nagbe carecen de fundamento, mientras que otros han dicho que enviarlo de regreso a Liberia ahora que él es una persona abirtamente homosexual se mandarlo a “su temprana tumba”.

En Liberia, la homosexualidad está penada con cárcel y con multas de hasta mil dólares en un país que todavía tiene vigente las leyes colonialistas que llevaron los británicos y donde la sodomía es vista como una aberración. La ley de Liberia hace la vista gorda contra la discriminación basada en orientación sexual y la homosexualidad está muy mal vista en la sociedad liberiana, donde son frecuentes los actos de violencia y abusos que e mantienen en silencio por temor a represalias.

Por eso es una contradicción que la actual presidenta del país, Ellen Johnson Sirleaf, fuera ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2011 y no se atreva a proponer una modificación de la ley bajo la premisa de “Nos gustamos como somos y tenemos ciertos valores tradicionales en nuestra sociedad que me gustaría preservar”. De hecho, hasta el  ébola se ha usado como excusa para buscar una cabeza de turco contra la comunidad LGTB por los sectores más ultraconservadores en un intento de “hacer una limpieza de minorías sexuales” en el país.

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