¿ES CARO IR AL ABOGADO?

Todos tenemos asumido que ir a un abogado es caro.

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Es una creencia que tenemos interiorizada pero que no se ajusta a la realidad y más si tenemos en cuenta que, por lo general, los honorarios del abogado están en consonancia con la gravedad del problema que se le encomienda. El abogado tiene que lidiar siempre con esta creencia sin que el cliente tenga en cuenta que cuando acude al abogado es porque tiene un problema que no se puede encomendar a ningún otro profesional. Problemas de lo más variopintos a los que el abogado, dentro de su leal saber y entender, tiene que buscar una solución acorde a los intereses del cliente haciéndole ver a éste que es cierto el aforismo “mejor un mal acuerdo que un buen juicio”, principalmente porque dentro de los márgenes de un acuerdo las partes tienen control sobre el problema, y lo que es más importante: de la solución (a pesar de que para alcanzarla ambas partes tengan que ceder en determinadas pretensiones). Pues bien, cuando el problema se trata de reclamar una deuda de escasa cuantía debemos de indicar que NO ES NECESARIO ACUDIR AL ABOGADO. Observe, que hemos dicho que no es necesario, pero añadiremos que es conveniente, aunque sea únicamente con el fin de estar correctamente asesorado y saber qué me voy a encontrar durante el proceso de reclamación de la deuda.

Este proceso judicial donde, en función de la cuantía de la deuda, no es necesario acudir con abogado se denomina procedimiento MONITORIO. No obstante, aunque usted pueda reclamar judicialmente la deuda, el papel del abogado no se limita en estos casos a un asesoramiento, sino que es posible que a través de la negociación directa del abogado con el deudor se pueda alcanzar un acuerdo que le permita recuperar la deuda sin ni siquiera tener que acudir a los tribunales, solución aquella más rápida y directa. El Monitorio consiste en dar entrada por registro en sede judicial a un escrito que no requiere de ninguna formalidad, pero que debe detallar claramente la cuantía de la deuda, que debe ser dineraria (en moneda de curso legal), determinada o líquida (cuantificable), vencida (es decir, que ya debería haberse pagado) y exigible (pues el acreedor ya cumplió con sus obligaciones). Además, se deben aportar junto con el escrito, las facturas, albaranes y resto de documentación que acredite la relación entre acreedor y deudor, junto con la identificación de ambas partes. Con suerte, si el deudor no le da importancia a dicha reclamación y ni siquiera contesta al requerimiento de pago que le hace el juzgado o bien, aun contestando, lo hace sin oponer razones de peso al pago de la deuda, el juez emitirá una resolución con fuerza suficiente para reclamar el pago pudiendo llegar al embargo del deudos en caso de su reticencia al pago. Pero si el escrito o los documentos aportados adolecen de los requisitos anteriormente mencionados o bien si las causas de oposición del deudor tienen visos de credibilidad, el juez le denegará el cobro directo y no le quedará más remedio que acudir al abogado para reclamar la deuda nuevamente, teniendo que empezar desde cero habiendo perdido el tiempo, posibilidades de cobro, además del factor sorpresa. Sin embargo, de haber acudido al despacho del abogado, con un mero asesoramiento o consulta que puede rondar los 50 o 60€, éste le hubiese guiado a lo largo del procedimiento monitorio aumentando sus posibilidades de éxito respecto del cobro de la deuda. Por lo tanto, ¿Le sigue pareciendo caro ir al abogado? Javier Lopez García