¿Por qué no existe un Turismo de Cruising?

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Áreas de descanso en carreteras y autopistas, aparcamientos, polígonos industriales, baños públicos, parques, playas solitarias, descampados y hasta donde te llegue la imaginación son los destinos más frecuentados de los encuentros sexuales furtivos, rápidos y directos, lo que llamamos cruising. O el término que hemos acuñado en España para denominarlo “cancaneo”. Hay muchos gays que son adictos a estas prácticas por el aliciente añadido del anonimato: No tienes la obligación de entablar amistad con la persona o personas con las que tienes el alivio sexual, sois completos desconocidos lo que le añade un importante componente de morbo, tampoco sabes con lo que te vas a encontrar (vas a la aventura) y es un sitio donde vas a mirar o a que te miren sin que nadie se corte un pelo. Tú marcas tus propios límites. Y es que el cruising despierta esa parte animal que todos llevamos dentro.

Tal vez por sus componentes de ser una práctica de la que no se habla abiertamente, está mal visto y las “quedadas” se producen a través de los chats de las redes sociales es por lo que a nadie se le ha ocurrido de plantear la idea de crear un segmento turístico que cuenta en el planeta con millones de adeptos. En Loottis os damos los argumentos por los que creemos que tendría mucho éxito:

  • No tiene restricción de área geográfica
  • No necesitas invertir en el destino, se vende por sí sólo
  • El perfil del usuario es muy amplio
  • Puedes usar las redes sociales como arma eficaz para potenciarlo
  • Es una alternativa sana a las mafias de explotación sexual en países subdesarrollados

Y es que el buen cruising es el que consiste en convertir un espacio público en un lugar de citas en una sociedad en la que a pesar de la tecnología la mayoría de la gente sufre del mal de la soledad y la incomunicación. Dedicamos demasiados esfuerzos a ver las prácticas sexuales consensuadas entre adultos como algo depravado cuando es todo lo contrario. El mundo del cruising admite una gran cantidad de actores. Están los activos, los pasivos, los vouyeurs, los exhibicionistas… muchas parafilias tienen cabida.

No hemos inventado nada, el cruising ya se practicaba en los baños públicos en la Antigua Roma donde los hombres se comunicaban con otros usuarios de estos espacios a través de gestos que daban luz verde para pasar a la acción. Aunque su nombre actual se debe al nombre de uno los bares de ambiente en la época dorada de la revolución sexual de los años 60  del siglo XX. Se llamaba Booze n’ Cruise y estaba en Albuquerque, Nuevo México. Su nombre se popularizó entre el colectivo gay por su significado que venía a sugerir algo como atravesar caminando o patrullar, un término discreto utilizado por los miembros de la comunidad gay.

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