“Ni pena ni miedo”, la biografía vital de uno de los gays más influyente es España, el juez Grande-Marlaska

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El próximo 13 de septiembre ve la luz “Ni pena ni miedo. Un juez, una vida y la lucha por ser quienes somos” que edita Ariel.  La  plasmación  de  un proyecto vital, de una lucha y de un éxito común que toca reivindicar y defender con vehemencia del juez bilbaino de 54 años, Fernando Grande-Marlaska. Una  obra  plagada  de  informaciones inéditas y reflexiones  personales.

El título del libro es una declaración de principios y de  intenciones.  Proviene  de  un  geoglifo o macro mensaje ubicado al sur del desierto de Antofagasta, en Chile, por el poeta Raúl Zurita. Fue escrito con una excavadora en 1993 y realizado gracias a algunos pintores chilenos que donaron sus obras para financiar este proyecto que tiene 3 kilómetros de largo y 400 metros de ancho. Después 23 años aún es visible gracias a Google Earth y Google Maps.

Grande-Marlaska recoge el mensaje de Zurita  para hablar del pasado y del porvenir a través de este significativo lema de resistencia que significa que  el  miedo a las consecuencias   de   nuestros   actos   no   debe   paralizar  nuestras  decisiones  futuras y ser coherentes con  lo  que  creemos  y  defendemos.

Marlaska lleva tatuado en la  muñeca la señal  de  compromiso  con una  idea:  Que  sus propias  vivencias  se  correspondan  con  esta  filosofía  de  la  vida.  Unas  palabras  que  le  acompañan  tanto  en  lo  personal como en lo profesional.

En “Ni pena ni miedo. Un juez, una vida y la lucha por ser quienes somos”, Marlaska rememora su infancia, comenta anécdotas familiares, cómo desembarcó en su ajetreada vida profesional,  de cómo  su  profesión como  juez  le  ha valido para enfrentarse a las más duras de la realidades o cómo su condición de homosexual casado le ha obligado a ser más fuerte. Todo basado en las convicciones de una persona que ha luchado contra la corrupción, la violencia de género  o  al  maltrato  animal,  causas  que  defiende  con vehemencia.  Así Marlaska echa la vista atrás en su recorrido vital y lo hace desde la honestidad y las ganas de abrir su alma y usar la escritura como bálsamo de liberación.

Hoy por hoy, el bilbaíno Fernando Grande Marlaska es miembro del Consejo General del poder judicial. Una profesión que para él no tiene secretos. En 1987 terminó la carrera de judicatura y pasó por los juzgados de Santoña, Bilbao y Madrid, hasta que en 2006 se incorporó como magistrado a la Audiencia Nacional. Fue el “látigo” del comando Vizcaya de la banda terrorista ETA (lo que le convirtió en blanco de los violentos) y el 11 de julio de 2006 hizo pública su homosexualidad en una entrevista que concedió a la periodista Rosa Montero para El País Semanal.

Ha sido cara visible de numerosos actos, uno de los más sonados, el de una campaña para el uso del preservativo entre el colectivo LGBT. En la campaña también aparecían el presentador Jesús Vázquez y el escritor y showman Boris Izaguirre. La revista Zero, dirigida mayoritariamente a un público homosexual, en su número 84, informó que el jurista había contraído matrimonio civil con su pareja, el filólogo Gorka Gómez, en octubre de 2005 con el que vivía desde 1998.

De carácter reservado, casi tímido, en 2015 se sentó en el chester de Pepa Bueno y se sinceró ante la periodista: “La vida privada es privada de cada uno, no vamos a exigir a nadie que diga nada, basta con vivirla. Yo lo dije en un momento en el que surgió. Mi madre no entiende mi homosexualidad”, afirmó. Pero tal vez este libro le ha servido de catarsis liberadora.

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