El movimiento crossdressing en España: Ellos también exploran su lado femenino

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Anoche, el episodio 138 del Diario Vice que emite la cadena #0 de Movistar+ abordó el tema del “Crossdressers: la feminidad de ellos”. Un fenómeno que no sólo está implantado en España sino que ha llegado para quedarse. Se trata de hombres a los que les encanta vestirse de mujer sin dejar de ser heteros. Durante el programa conocimos varios casos de varones que dieron la cara para mostrarse tal y como son e incluso el caso de un matrimonio cuya esposa le presta a su marido sus faldas y sus vestidos y pasean de la mano por la calle, sin complejos ni reproches. En España está EnFemme, un club de encuentro del colectivo cross pionero en España, con sede en Barcelona que proporciona un espacio discreto donde vestir de mujer.

El nombre de la práctica es conocido como crossdressing (abreviada como CD) es la unión de dos términos ingleses “cross” (cruzar, pasar, atravesar) con “dress” (vestido). Consiste en adoptar la indumentaria propia del otro género en determinados momentos por disfrute sexual o porque se disfruta haciéndolo. A estas  personas se les llama crossdresser. Se trata de un colectivo heterogéneo en la que hay personas de todas las edades, profesiones y clases sociales.

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Hay que dejar claro que se trata de una experiencia muy personal y no todos lo hacen por el mismo motivo ni lo viven igual. A menudo en el mundo del crossdressing se suele hablar de hombres heterosexuales, pero no es una práctica exclusiva de hombres y no tiene nada que ver con la orientación sexual de la persona. Es uno de los tabúes sociales más practicados en la intimidad y de los más hipócritamente denostados en público.

Una feminidad imposible de reprimir que acaba saliendo a la luz y, por eso, EnFemme supone una liberación donde relacionarse con otras chicas sin miradas reprobadoras. Este club es protagonista de un documental dirigido por Alba Barbé i Serra que aborda esta temática y que este año pudo realizarse gracias a recaudar 10.000 euros a través de una campaña de crowdfunding.

En el terreno sexual es muy difícil encasillar a las personas que puedan representar a la infinita diversidad humana. Pero, a veces, son imprescindibles para visibilizar otros mundos posibles de vivir nuestra sexualidad, de entender nuestros cuerpos o de asumir nuestra propia identidad. Así algunos de los que practican CD hablan de descubrir su parte femenina, para otros es una forma de escapar de las preocupaciones cotidianas y otros lo toman con una fantasía sexual. Lo que se conoce como fetichismo travestista. E incluso no falta quien lo toma como válvula de escape a las actitudes estrictas de virilidad que les exige su entorno social.

En el programa de Diario Vice descubrimos que aunque el CD implica ponerse vestimentas del otro género no significa que sean travestis, ni que quieran cambiar de sexo o hacerse cirugías. Entre los ejemplos de las personas que dieron la cara había hombres que dejan la práctica para sus ratos de ocio y diversión, que no adoptan el rol social de mujer cuando trabajan o cuando están con sus hijos y que se  identifican sólo con el otro género mientras dura la experiencia de travestismo. Es lo que se conoce como grado de identificación puntual con el género contrario.

Sofía, una crossdresser lo explica muy bien: “Es un recorrido de ida y vuelta: de hombre a mujer para regresar nuevamente a hombre. Esa no linealidad en el trayecto vital, ese no aceptar el binarismo de que sólo existen hombres o mujeres, y poder posicionarse en un punto intermedio entre ambos géneros lo que me fascina del crossdressing”.

En Internet puedes encontrar webs y blogs que explican el tema e incluso empresas para crossdressers con vestuario, maquillaje y todos los complementos que necesites para transformarte durante unas horas e incluso fiestas cross como las Pass The Wig donde las CD  están abiertas a aceptar a cualquier persona.

Esmeralda, una crossdresser de Sevilla, contaba hace unos meses en la revista Broadly que “lo que pasa es que hay muchas que lo viven de forma íntima o secreta. He visto estadísticas de que 1 de cada 20 hombres disfrutan vistiéndose de mujer”.

Hay crossdressers afortunados que son capaces de abrirse a sus familias y comentárselo pero otros los llevan en la más estricta intimidad porque creen que no les entenderían y temen al rechazo de sus seres queridos y de su entorno social. De hecho, muchas CD saldrían del armario e irían vestidas de mujeres por la calle pero temen “al qué dirán”, a  la persecución y al linchamiento a lo diferente. Y es que vestirse a escondidas es frustrante y aburrido para muchas cross y algunas se animan a superar su represión interiorizada.

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3 Comentarios

  1. nadie dice nada? nadie opina? bueno pues seré la primera. Me llamo filu soy cross desde ace años pero lo llevo un paso mas en no solo vestir, llevo tiempo cambiando y feminizando mi cuerpo para sentirme bien conmigo misma y ser cada día un poco mas mujer. Ojala en alicante existieran lugares como en madrid o barcelona.

  2. Hola. Acabo de leer ésto. Tambien soy crossdresser, heterosexual, es decir, me gustan las chicas. Llevo vistiendome en la intimidad toda la vida, adoro la ropa femenina, cuanto más, mejor. Siempre llevo las uñas de los pies pintadas, así como periodicamente me hago manicura.
    Afortunadamente, al estar gordito, tengo senos y además soy feliz por tener ginecomastía, lo que a algunos es un castigo para mí es una bendición. Puedo ponerme y de hecho me pongo sujetadores de la talla 115C sin problemas. Es genial.
    Ah, tengo mujer e hijos, mi mujer conoce perfectamente mi necesidad de expresar mi lado femenino y lo comprende.
    No he llevado más lejos mis iclinaciones, salvo un par de meses en los que estuve tomando estradiol, y conseguí ver como me empezaban a crecer mucho más los senos, llegué a tener una 120D. Para mí ha sido una de las experiencias más gratificantes.
    Animo a que en España se comience a dejar de ver ésto como una desviación, porque la realidad es que al menos el 10% de la población tiene alguna implicación en el crossdressing.
    Dejémonos de hipocresías y mostrémonos como realmente somos. La vida es corta y si yo me siento felíz siendo mujer a ratitos, ¿hago mal a nadie?
    Un beso a todas y a todos.
    Me llamo (cuando puedo) Anita.

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