Los científicos están tratando de encontrar el “gen transgénero”

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¿Qué pasa con una persona que es biológicamente mujer pero se sienten o se ven a sí mismo como hombre o al revés?. Según publica The Guardian, el doctor Qazi Rahman, experto en salud mental LGBT del Kings College de Londres reveló que la ciencia aún no puede dar una respuesta completa a esta pregunta: “Esta es la pregunta clave en este momento. Sabemos mucho más acerca de cómo la naturaleza da forma a la orientación sexual. Mi punto de vista desede la ciencia es que la crianza hace muy poco, en su caso, a la conformación de la orientación sexual. No sabemos casi nada acerca de cómo las personas son trans”.

El año pasado un grupo de científicos realizaron una prueba genética capaz de predecir la homosexualidad hasta con un índice de exactitud del 67%. Uno de los principales científicos de este proyecto, Meta C. Ngun, que es gay, decidió retirarse de la investigación debido a las posibles implicaciones morales.

Por el momento, no se ha encontrado ningún “gen transgénero”. Pero sería la futura investigación enfocada a las personas  trans que seguiría el mismo camino emprendido por la investigación de Ngun.

Estudios previos muestran que las personas trans tienen un cerebro que no es del todo hombre o mujer, pero sí tiene zonas y sistemas específicos que están masculinizados o feminizados. No se sabe si estas diferencias únicas son a corto plazo, permanentes o si el cerebro podrían sufrir cambios después de la terapia hormonal a la que se someten muchas personas trans.

En el útero, el embrión comienza su viaje de convertirse en hombre o mujer entre las 6 a 8 semanas. Un gen llamado SRY en el cromosoma inicia la codificación de una proteína llamada factor determinante del testículo (TDF) que determina el sexo masculino. Posteriormente, la hormona sexual masculina, la testosterona, se produce en el cuerpo del embrión masculinizando su anatomía y fisiología. Sin testosterona, el embrión se mantendrá hembra.

Sin embargo, no se sabe mucho acerca de cómo la afluencia y / o ausencia de ciertas sustancias químicas en el útero afectan en consecuencia a la asociación de la identidad de género.

El doctor Qazi Rahman sugirió que los investigadores deben buscar en la confluencia entre los factores fisiológicos y psicológicos: “En cierto sentido más profundo, el que  se muestren diferencias en el cerebro o la búsqueda de diferencias genéticas no es en absoluto sorprendente. La gran pregunta es cómo estas influencias biológicas dan forma a la sensación sentida de identidad de género; cómo las hormonas sexuales prenatales dan forma al circuito cerebral que controla el desarrollo de la identidad de género; dónde está esa red; cómo funciona para que esto suceda y cómo trazar con el tiempo: Desde la primera infancia hasta la adolescencia y la edad adulta la diferencia en algunas personas del sexo asignado al nacer”, matizó el investigador.

Estudios anteriores han demostrado que el condicionamiento social puede afectar a la identidad de género. Por ejemplo, una persona intersexual que recibe “tratamiento” desde la infancia para convertirse en “femenina” tiende a crecer con la sensación de sexo femenino y viceversa.

La identidad sexual de una persona también puede ser vista como la suma de cuatro aspectos relacionados con el sexo biológico, la orientación sexual, el género al que se refiere uno y el género que domina el comportamiento de cada persona: “Es difícil encontrar a personas con los cuatro espectros diferentes, por lo tanto, es difícil tener la terminología que encaje realmente con todo el mundo”, ha explicado Robin Lovell-Badge, responsable del departamento de biología de células madre y genética del desarrollo en el Instituto Francis Crick de Londres.

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