La emotiva historia de una pareja de lesbianas que navegaron para encontrar un refugio seguro para vivir su amor

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Esta es la historia de Elena y Meg, la primera rusa y la segunda canadiense. La joven rusa era acosada por su lesbofóbica familia pero ambas lograron sobrevivir a dos océanos tempestuosos y un huracán para encontrar un refugio seguro. Las canciones románticas nos hablan de personas que hacen cualquier cosa por amor como viajar miles de kilómetros o escalar cualquier montaña pero esta pareja de chicas demostró que no hay distancia cuando el amor es real.

Elena es de Ivánovo, una ciudad a 250 km. al este de Moscú. Sus padres le obligaban a usar tacones altos y maquillaje para que pareciese una “mujer adecuada” y pudieran casarla con un buen partido. A los 20 años aceptó los deseos de su familia de un pretendiente. Un matrimonio sin amor y sin sexo era su futuro. Pero Internet hace magia y en el refugio de un ordenador encontró el consuelo de una mujer canadiense llamada Meg.

“Meg puede hacer de todo, es músico, toca el piano, pilota aviones, tripula barcos de vela … Para mí es una mujer increíble, simplemente me sorprendió con lo que podía hacer y, por supuesto, caí casi al instante enamorada de ella”, explica Elena. Después de seis meses chateando decidieron reunirse en Kiev, Ucrania.

Así que Elena mintió a sus padres, les contó que se marchaba para ir a la ópera pero, en secreto, hizo una pequeña bolsa para escapar. Cuando Elena y Meg se reunieron en el aeropuerto de Kiev, Elena no pudo contener la emoción: “Cuando la vi estaba de pie entre la multitud de personas. No sé cómo explicar cómo me sentía, pero creo que estaba tan emocionado que apenas podía entender lo que estaba sucediendo a mi alrededor”.

Pasaron los días ​​y Elena comenzó a recibir llamadas de su madre y su novio. Y esta vez, decidió ser honesta: “Mi madre me decía que regresara a Ivánovo y yo me negaba porque sabía que nunca volvería a ver a Meg”. La madre de Elena prometió que tendría una charla con ella y voló a Kiev pero no sabía que su padre también estaría allí: “Meg y yo pensamos que íbamos a ver a mi madre para hablar y que eso sería todo, pero ella trajo a mi papá con ella y nos atacaron. Me agarraron y me llevaron a la fuerza hasta un McDonalds cerca de la estación de tren. Mi padre puso tres billetes en la mesa y me dijo: “Vienes con nosotros a Ivánovo”. Ese fue su ultimátum para mí y fue la primera vez que no he estado de acuerdo con ellos en mi vida. Comenzamos a pelearnos y los cuatro terminamos en comisaría. Inesperadamente, la policía se puso de nuestro lado y, eventualmente, mis padres regresaron a Rusia”, explica la joven.

Sin embargo, Elena pronto se dio cuenta de que su pasaporte había desaparecido. Su madre se lo había quitado antes de que ella se fuera, así que Elena se quedó con la única y forzosa opción de regresar a su casa. Pero gracias a un amigo del trabajo fue capaz de recuperar su pasaporte de la casa familiar y se escapó a Odessa, en Ucrania.

Después se marcharon a Turquía, Meg hipotecó su casa de Canadá y compró un barco de vela. Elena tomó lecciones de navegación. Dos meses más tarde, estaban en mar abierto. Cruzando el mar Mediterráneo de este a oeste, sobreviviendo a un huracán en el Atlántico, navegaron sin parar para llegar a refugio seguro. Después de 10 meses, la pareja llegó a Canadá en abril de 2007.

“Cuando llegamos, todo estaba muy tranquilo, simplemente dejamos el barco en el club náutico y no había nadie allí. Y esa fue la ironía: Habíamos completado un viaje tan grande por amor pero no había nadie para recibirnos. En realidad no necesitábamos nada, sólo queríamos dormir, descansar y empezar a vivir nuestra vida”.

Y lo hicieron. Meg y Elena viven en el mismo velero que compraron en Turquía. Elena ha escrito un libro titulado “Hablando con la Luna” donde cuenta su odisea por amor.

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