Así se las gastan en Turquía con los homosexuales: Refugiado homosexual sirio es decapitado

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“Es fácil ser gay en Turquía si eres turista porque lo que vale es el dinero pero, si vives allí te enfrentas al rechazo y los insultos. No se puede vivir tranquilo”. Así se expresaba hace unos años el activista de origen kurdo Bawer Çakir. En 2010 tenía que dejar su tierra y exiliarse a España por lo que denominaba “la utopía europea de la tolerancia turca hacia la homosexualidad”. Y es que, según el activista, la supuesta calle gay de Istiklal Caddesi o las fantasías porno en los baños turcos son postales que venden pero totalmente alejadas de la realidad. Y es que los gays son un problema para la sociedad turca porque los ven como “corruptores de la moral”.

Y un claro ejemplo de esta situación es el caso de Muhammed Wisam Sankari, un refugiado que llegó a Estambul hace un año. Había dejado su casa en Aksaray la noche del pasado 23 de julio y su supuesto cuerpo fue encontrado en Yenikapi el 25 de julio, a más de 480 kilómetros de distancia. Y se supone que era él porque el cuerpo encontrado lo habían decapitado y sus compañeros de piso lo han podido identificar por los pantalones que llevaba.

Los amigos más allegados de Sankari dijeron que estaba planeando abandonar Turquía porque temía por su seguridad. Ya anteriormente había sido amenazado, secuestrado y violado por un grupo de hombres.

Cuando salió de su casa esa noche, sus compañeros de casa le habían recomendado que no lo hiciera: “Él no volvió a casa en toda la noche. Al día siguiente, nos asustamos cuando no regresó”, dijo un amigo llamado Gorkem. “El domingo la policía nos avisó y fuimos a Yenikapi. Le habían hecho dos cortes profundos y tan violentos que le habían destrozado varios órganos y le habían decapitado. Pudimos identificarle por los pantalones que llevaba”.

Rayan, otro de sus amigos, dijo que no podían confiar en Naciones Unidas o en la Asociación por la Solidaridad con los Solicitantes de Asilo y Migrantes (ASAM), para que les protejan porque los secuestros, violaciones y amenazas a la comunidad LGBTI son demasiado comunes en Turquía. “Sólo podemos quedarnos juntos para protegernos. No podemos obtener información o respuestas porque serviría para que nos localizasen. Un miembro de ASAM nos llamó después de la muerte de Wisam para decirnos que una persona muy pura y buena se había ido de este mundo pero todo es pura fachada”, explicó uno de los jóvenes amigos de la víctima.

En Turquía si te callas todo va bien. Ser gay no es un problema en sí mismo, especialmente entre los jóvenes, cuando se trata de un asunto privado que tiene lugar a puertas cerradas. En 2013 se realizó una encuesta en la que se puso de manifiesto que los “abiertamente” gays en Turquía superarían los 3 millones de personas y que muchos de ellos, aunque de puertas para adentro, apoyan a los derechos de los homosexuales y tratan de organizar actividades culturales en su tiempo libre para sensibilizar la población. Hoy en día, la realidad es bien distinta.

Turquía es el eslabón más visible de una pseudo democracia cerca de Europa que lucha por integrarse dentro de la comunidad económica y política del viejo continente y, sin embargo, en lo relativo a la tolerancia para con los homosexuales, está con la mentalidad de los países de Oriente Medio.

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