Abogado londinense gay cuenta en primera persona como el chemsex mató a su novio y arruinó su vida

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El mes pasado, Barrister Henry Hendron, un joven abogado prestigioso de Londres, se declaró culpable de la compra de medicamentos chemsex que fueron responsables de la muerte de su novio de 18 años de edad, Miguel Jiménez, quien falleció en el apartamento londinense de Hendron de una sobredosis de drogas en enero de 2015. En una entrevista con el programa Today  que emite Radio 4 de la BBC, Hendron habla abiertamente de su relación con Jiménez y su implicación en la escena chemsex.

El abogado asegura que la muerte de su novio le atormenta y no espera un trato especial de los tribunales: “Cada día que pasa me siento responsable del pasado. Yo era mayor, tenía 34 años entonces, él sólo tenía 18. Se supone que era más responsable, debería haber sido el que le dijera que no hiciéramos eso y, por esa razón, cargo su trágica muerte sobre mis hombros”, explica consternado.

Durante el juicio se ha revelado que Hendron se había gastado alrededor de mil libras (unos 1200 euros) en medicamentos. Uno de los fármacos era la mefedrona, una droga de Clase B, que también se conoce en la calle con el nombre de ‘Miau’. Un polvo de color claro que es un poderoso estimulante que puede proporcionar euforia al usuario pero también paranoia, ansiedad y vértigo e incluso la muerte.

El otro medicamento que consumió fue el GHB, una droga de Clase C, comúnmente conocido como ‘G’. Por lo general se vende como líquido transparente y da a su usuario un efecto sedante que puede durar hasta siete horas, así como estados de euforia. Es más peligroso cuando se combina con alcohol y los riesgos de utilización incluyen pérdida del conocimiento, coma y muerte.

Antes del incidente, Hendron había viajado con regularidad al país natal de su novio, Colombia, para conocer a su familia, especialmente su madre. “Es algo horrible perder a un hijo, en especial a los 18 y por las drogas. Y para empeorar las cosas, no toda su familia sabía que era gay por lo que tiene muchos secretos que recaían sobre sus hombros al mismo tiempo”, asegura Hendron.

El abogado también compartió lo que había sucedido el día de la muerte de Jiménez: “Fue un lunes por la tarde normal. Habíamos llevado a nuestro perro al veterinario. Durante la cena, bebimos un poco de vino y mi pareja bebió más y a medianoche me pregunto si íbamos a consumir drogas. Yo tenía que trabajar al día siguiente, así que no tenía ninguna en esa ocasión pero él quería. Tenía un poco de G [GHB]. Fue una experiencia muy agradable y nos fuimos a dormir. Me desperté y estaba muerto junto a mí. Nunca había visto a una persona muerta antes, pero cuando le di la vuelta, no respondía. Tenía el rostro color púrpura y la sangre se me congeló”.

Hendon llamó a la ambulancia, y mientras esperaba que llegasen a su piso en Temple, en el centro de Londres, trató de revivir a Jiménez dándole un masaje cardiopulmonar. Cuando llegaron los paramédicos pasaron 45 minutos tratando de salvar a Jiménez sin éxito.

Hendon dice que en ese momento sentía como su mundo se derrumbaba: “Creo que dejé escapar un gemido. Tenía la mente en otro lado. Todo mi mundo se había derrumbado repentinamente de ser feliz y estar saludable y con una relación de amor, a esta situación”.

Los agentes de policía que habían llegado junto con los paramédicos detuvieron a Hendron: “Mi compañero estaba muerto en la habitación de al lado, y mientras la ambulancia se marcó, cuatro o cinco agentes de policía me detuvieron acusado de diversos cargos por tenencia de  drogas y homicidio”.

Hendron sostiene que es completamente responsable de toda la situación y admite que las drogas están destruyendo las vidas de muchos hombres homosexuales jóvenes. Describe el chemsex como un “fenómeno común y en aumento en el ambiente gay”: “Yo no había probado las drogas cuando era más joven, fue sólo en el último par de años. Hay un gran número de hombres, de entre 30 y 40 años, que ahora consumen drogas con regularidad”.

Las drogas en el ambiente gay están teniendo mucho éxito. Estudios recientes muestran que los gays son tres veces más propensos a tomar medicamentos para potenciar las relaciones sexuales que los hombres heterosexuales. La BBC ha revelado que una clínica de salud sexual en Londres asegura que alrededor de 3.000 hombres homosexuales que hacen chemsex acuden a sus servicios todos los meses.

Desde su experiencia, Hendron revela que hay muchos profesionales como él que practican chemsex: “La mayoría de las personas que hacen estas prácticas de sexo gay tienen un empleo a tiempo completo. No son personas de perfiles bajos como piensa la mayoría de la gente”.

El abogado culpa de lo fácil que es para la gente tener acceso a las drogas: “El problema es que los medicamentos son baratos y están por todas partes. En cuestión de minutos en aplicaciones gays como Grindr, en Vauxhall o en el Soho, se puede encontrar a alguien que está vendiendo o buscando”.

Sobre su posible pena de prisión, Hendron dice que aceptará lo que se merece: “Yo estaba allí consumiendo drogas, mi compañero murió a causa de las drogas y he perdido mi carrera debido a las drogas. Que vaya a la cárcel y todo lo que me pase, me lo merezco. He tomado algunas decisiones estúpidas y hay que ponerse de pie y aceptar eso. Pero ese es el precio que las drogas te hacen pagar”. Su sentencia saldrá a principios de mayo.

Un editorial del ‘British Medical Journal’ advierte ante los graves problemas físicos, psicológicos y emocionales que puede acarrear la nueva costumbre que arrasa en la cultura ‘underground’. En los últimos años se ha popularizado el término “chemsex” para referirse a las prácticas sexuales potenciadas por el consumo de diversas drogas y sustancias químicas. No se trata simplemente de consumir un psicoactivo antes de hacer el amor, sino que el nombre se refiere también a un tipo de fiestas, por lo general homosexuales (aunque por definición también puede incluir las heterosexuales), que pueden prolongarse durante mucho tiempo gracias al consumo de estupefacientes con los consiguientes riesgos para la salud de los participantes de estos encuentros.

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