La LGBTfobia de la Iglesia católica española y el "Imperio gay"

La LGBTfobia de la Iglesia católica española y el “Imperio gay”

En una homilía, el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, defendió ayer durante la misa en el Pontificio Instituto Juan Pablo II “el bien precioso de la familia cristiana ante la escalada contra ella de dirigentes políticos, el “imperio gay” y ciertas ideologías feministas”. Lo que vuelve a poner sobre la mesa el rancio adoctrinamiento del estamento católico español y su mentalidad chapada a la antigua incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos y de aceptar a nadie que se salga de sus conservadores preceptos.  Cañizares pretende “demonizar” lo que califica de “leyes que fomentan la ideología de género, la más insidiosa que ha habido en toda la historia de la humanidad”.  Unas lamentables e insidiosas palabras impropias de un Ministro de la Iglesia.

Y es que la Iglesia católica española sigue dando la espalda al colectivo LGTB. Aunque en ocasiones traten de justificar su desprecio con expresiones del tipo “acogemos a estas personas con respeto y cariño”, la realidad es que no pueden ni vernos. En un país como España, en el que el matrimonio entre personas del mismo sexo está asentado desde el año 2005, el sector eclesiástico no deja de interferir en la vida privada de las personas y de tratar como “enfermos” a gays y lesbianas a los que “tener compasión”. En Loottis hacemos un repaso por los casos más polémicos de autoridades clericales que ponen de manifiesto que en España hay todavía mucho trabajo por hacer.

Rafael Palmero, Obispo de Orihuela-Alicante, manifestó en enero de 2008 que la homosexualidad es “normalmente, una enfermedad”. Representantes políticos y asociativos levantinos rechazaron inmediatamente estas declaraciones.

En marzo de 2012, el Arzobispo de Tarragona, monseñor Jauma Pujol, fue denunciado por la Asociación de Expresos Sociales por emplear en la televisión pública catalana la expresión “comportamientos no adecuados” para referirse a los matrimonios homosexuales. Lamentablemente, la causa fue archivada.

Manuel García, Párroco de Huelma (Jaén) se negó a bautizar a una niña porque el padrino es homosexual y “ya estaba apartado de la Iglesia”, según manifiesta el propio afectado. El párroco puso el grito en el cielo cuando se enteró que ese hombre ¡estaba casado con otro hombre!.

Monseñor Rouco Varela, ex Presidente de la Conferencia Episcopal Española, un día después de la celebración de las Elecciones Generales de 2011, reanudó su lucha contra el matrimonio homosexual. Para Rouco, se trataba de una tarea urgente, a la vista de grave daño infligido a la “cultura matrimonial, en España y en el mundo”. Pero es que Rouco Varela ha dicho cosas que ponen los bellos de punta. Claro está que se cayó cuando saltó a los medios que tenía acciones de una empresa de preservativos y cuando su sobrina, que apareció desnuda en Interviú, el acusó de abandonar y no ayudar a su familia más cercana.

En una entrevista para La Opinión de Tenerife en 2012, el Obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, desató la polémica con estas declaraciones: “Creo que el fenómeno de la homosexualidad es algo que perjudica a las personas y a la sociedad. A la larga pagaremos las consecuencias como las han pagado otras civilizaciones. Yo no digo que se reprima, pero entre no reprimirlo y promoverlo hay un margen”. Ahí es nada. A lo que añadió, en relación al abuso de menores, que “hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan”.

Justo Bermejo, Vicario Episcopal para el Clero preguntado por Thais Villas para El Intermedio sobre el respeto a las diferentes tendencias sexuales, el Vicario respondió: “¿Tú el respeto también lo pedirías para el asesino?”. A lo que la reportera le respondió que “son cosas muy diferentes, una cosa es un asesino, y otra cosa es una tendencia sexual”. Y por si fuera poco, el religioso añadió que “eso depende de la mentalidad moral de cada persona”.

Andrés García Torres, sacerdote en Fuenlabrada fue acusado por el Obispado de Getafe de mantener una relación con un seminarista cubano de 28 años. Le prohibieron residir en su municipio y le enviaron a un terapeuta para que le prescribiera la prueba del VIH, a lo que se negó. Fue tratado denigrantemente por la institución eclesiástica. Pero él fue más homófobo aún cuando pidió “que me hagan la prueba y midan mi ano a ver si está dilatado”, dijo. Y se quedó tan ancho. Gay o no, con estas declaraciones hizo un flaco favor al colectivo.

Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba. En una visión apocalíptica del fin del mundo en la Navidad de 2010, el Obispo de Córdoba manifestó que la ONU quiere “homosexualizar el mundo. La Unesco tiene un plan para los próximos 20 años hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual, destinada a romper con el “plan de Dios” para la familia, que consiste, en la unión estable de un varón y una mujer”. El prelado afirmó que esta ideología promulga que “uno no nacería varón o mujer, sino que lo elige según su capricho, y podrá cambiar de sexo cuando quiera según su antojo”.

El caso del Obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Plà, insultó a los homosexuales en una homilía retransmitida además por Televisión Española: “Aquellas personas que llevadas por tantas ideologías que acaban por no orientar bien lo que es la sexualidad humana, piensan ya desde niños que tienen atracción hacia las personas de su mismo sexo. Y a veces, para comprobarlo se corrompen y se prostituyen o van a clubes de hombres nocturnos. Os aseguro que encuentran el infierno”. Fue declarado “Persona non grata” por el Ayuntamiento pero él siguió su cruzada antigay en la web del Obispado.

“La homosexualidad es una deficiente sexualidad”. Así la definía el elegido por el Papa Francisco para convertirse en cardenal español, Fernando Sebastián, quien protagonizó una sonada polémica en 2007, en su época de arzobispo de Pamplona, por pedir el voto para partidos como Falange o Alianza Nacional para las elecciones de 2007.

“Que se aparten de los demás, no sea que contagien a otros”. Homófobo y discriminatorio. Así podría definirse el mensaje del cura de El Burgo Ranero (León), Jesús Calvo, que aprovechó su intervención en el programa Las Mañanas de Cuatro para cargar también contra el matrimonio homosexual. “Déjales a su ritmo, allá ellos. Que arreglen su anomalía psíquica”. Calvo llegó a afirmar que no le extrañaría que el cáncer del activista gay y político socialista Pedro Zerolo sea un “castigo de Dios”. Sin palabras.

“Hijos con graves perturbaciones de su personalidad”. Los feligreses de Segorbe-Castellón pudieron leer en la Hoja Parroquial de 2013 las consecuencias del matrimonio homosexual. Eso sí, según su obispo, Casimiro López. Para el jefe de los curas castellonenses, las parejas de personas del mismo sexo provocan “el notable aumento de hijos con graves perturbaciones de su personalidad ya que se desarrollan en un clima que termina con frecuencia en la violencia”. Además del “debilitamiento del amor duradero entre los esposos”, permitir que los homosexuales se casen sienta “las bases para la destrucción del matrimonio y de la familia, negándoles su valor insustituible para la acogida, la formación y desarrollo de la persona humana y para la vertebración básica de la sociedad”.

“¿Vives en la fornicación, eres homosexual?”.  El cura de Beniarrés (Alicante), Andreu Susarte, difundió entre sus feligreses un cuestionario para ayudarles a confesarse. El sexo y la homosexualidad son faltas en las que reinciden muchos pecadores. “¿Veo películas pornográficas?; ¿Me masturbo?; ¿Vivo en la fornicación?; ¿Soy homosexual?; “¿He tenido alguna relación sexual con un animal?”, son algunas de las preguntas que más parecen redactadas por un perturbado sexual con tendencias voyeur.

Algo más comedidas parecen las declaraciones del que fuera durante diez años –de 2003 a 2013– secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, quien aseguró que “todas las personas, con independencia de su conducta, son dignas de un respeto absoluto”, para acabar diciendo, no obstante, que la de los homosexuales es “desordenada”.

Sonado fue el caso de Jesús Catalá, obispo de Málaga y el caso de la familia de la menor transexual, Gabriela, que abandonó un colegio concertado religioso porque se negaban a tratarla como a una niña. Catalá fue denunciado por las críticas que vertió contra la madre en un desayuno con periodistas en el que la acusó de estar “dirigiendo” su sexualidad y “perjudicar” a la pequeña. El centro y la fundación religiosa a la que pertenece “defendían al niño en sus derechos como ser humano, le respetan en su identidad, en contra del abuso de la Junta y de su madre”, dijo Catalá. A pesar de que la Audiencia Provincial de Málaga ordenó reabrir el caso por la discriminación que sufrió la niña, al final el obispo se salió con la suya.

El año pasado, el Obispado de Cádiz y Ceuta impidió el año a Alex Salinas, un joven transexual, ser el padrino de bautizo de su sobrino en una parroquia de San Fernando, un hecho que la Iglesia explicaba porque, por su condición, no cumple con el requisito de llevar “una vida congruente con la fe”, según fuentes del Obispado a pesar de que el joven se definía como “muy creyente”. La familia apoyo al joven y se negó a bautizar al pequeño hasta que aceptaran que fuera el padrino. La polémica saltó a los medios y la Iglesia tuvo que transigir por el revuelo mediático.

El último caso se ha dado a principios de este mes en Córdoba, donde el joven transexual, José Belloso, de 28 años de edad, ha denunciado que, tras recibir el curso de catequesis para poder hacer la confirmación, el párroco de la iglesia de Santa María de las Flores en Posadas le comunicó que no podía recibir el sacramento por su condición de transexual. Es más, según Belloso, el sacerdote le dijo textualmente que “debía haber asumido la cruz que el Señor me mandó y seguir teniendo apariencia de mujer”. En este punto, el párroco defiende que “no podemos cambiar lo que Dios ha hecho. Si lo creó mujer, mujer será para siempre”.

Y podríamos poner muchos más ejemplos. Lo que está claro es que la LGBTfobia es una enfermedad muy arraigada en el DNI de la Iglesia católica y para cambiar las cosas se necesitaría un verdadero cambio de mentalidad y de actitud.

Cuando en octubre de 2015, Krzysztof Charamsa, el prelado que declaró públicamente que es gay y tiene pareja, cargó duramente contra la jerarquía de la Iglesia católica y en una carta enviada al papa Francisco y acusó al Vaticano de hacer “un infierno” la vida de millones católicos homosexuales de todo el mundo no se equivocaba. Charamsa, que tras al anuncio fue despojado de sus cargos, criticó también a la jerarquía católica por “perseguir y provocar un sufrimiento inconmensurable” a los católicos gays y sus familias.

 

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